Una vergüenza… que pagamos todos

Puede que no tenga toda la repercusión que me gustaría que tuviese pero si en algo destacan mis blogs es en la crítica social y política. Hace ya unas semanas estuve en una serie de actos para la “promoción” de la cultura poética, si cabe destacar que la mayoría fueron dentro de lo que cualquiera entendería también tengo que decir que otros no… En este último caso es en que me quiero centrar.

Como en cualquier arte y cultura cada sociedad tiene y crea los modelos que cree que son los necesarios para expresar su sentimiento de que singularidad en el mundo pero sin olvidar, que esa cultura es con la que nos van a identificar. Cuando asisto a alguno de estos eventos de artistas amateurs lo que espero ver son unos sentimientos expresados a través de algún tipo de arte, en este caso la poesía, pero en este caso no fue así a mi parecer por desgracia; fue una muestra más de que lo importante en el arte es lo que vende y no lo que transmite. Estaba sentado en un taburete esperando a que el poeta empezase, con media hora de retraso cabe destacar, tanto el público como yo mirábamos el reloj a la espera de esa muestra de cultura joven que tanto destaca en nuestra generación. Llegó un joven con un gorro gris y una cinta negra, una camisa azul oscura y unos vaqueros; un cuadernos de poemas en su mano y una sonrisa de lado a lado. La primera línea, ocupada en su mayoría por jóvenes veinteañeras, esperaba con ojos de entusiasmo unos versos de ese joven, como si de el discurso de una joven apuesta política se tratase; las hacía sentir como si formaran parte de esa nueva revolución de justicia e igualdad. Nada más lejos de la realidad como ocurre con esos “incorruptibles” y jóvenes líderes se iba a demostrar que el mensaje no es lo que vende si no, muy a mi pesar, la imagen. Empezó a recitar versos: “Casas altas y bajas, casas rojas y verdes, de cristal y de madera… casas como en las que quiero vivir contigo” a la vez que recitaba estos últimos versos se levantaba un poco la camiseta y dejaba ver sus abdominales, a lo que sus fieles súbditas respondieron con un aplauso e innumerables gritos de: “poeta” “Qué poesía tan bella” etc.

Tal acto nos dejó a los que estábamos más atrás, jóvenes y mayores, con una interrogación en nuestra expresión facial preguntándonos si de verdad aplaudían por los versos o por el físico del joven. Una mujer no muy mayor, de unos treinta años me preguntó: “Perdona, A los jóvenes de hoy… ¿Esto os parece poesía ? Mi cara tenía tanta intriga como la suya, solo pude responder: Es lo que tiene sustituir los libros por la tele, los escritores por los youtubers y los sentimientos por lo que vende en el mercado. Esperaba que la Generación de la Información también lo fuera de la inteligencia y el conocimiento, pero cuantos más medios se tienen para aprender menos se quiere saber.

Autor: Diodoro Mateo

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